Comentarios culturales de un antiguo refugiado chileno de Valparaiso, ahora en Francia, Montpellier y como muchos otros, viviendo de milagritos...
Music is the Best, tal es su lema, aparentemente lo cree y aplica aqui :
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15 marzo, 2006

Cerro Castillo

Cerro Castillo, identidad de barrio



Por Piero Castagneto

Al igual que Valparaíso, Viña del Mar es una ciudad de cerros a la que no se le suele mirar así, de manera que las identidades de comunidad o barrio quedan desdibujadas, o al menos, ocultas. Pero pocos discutirán que de estos sectores, uno de los que posee una personalidad más marcada es el Cerro Castillo gracias a algunos puntos en especial que resaltan, los que hacen que pase desapercibida su apacible, grata -y gratificante- cotidianeidad.

Así y todo, es relativamente desconocido, acaso porque hay poca movilidad entre sus habitantes, o porque su carácter residencial y un relativo aislamiento, aunque esté en el corazón de la ciudad, no lo hacen blanco fácil de turistas. Pero es un hecho que se corresponde con el carácter de cerro-barrio que se ve en Valparaíso, aunque de manera más acentuada, precisamente, por no hallarse unida a una cadena de alturas.

Originalmente formaba parte de la primera de las colinas llamadas las Siete Hermanas, situadas entre Valparaíso y Viña del Mar, la que fue partida en dos para las obras del Ferrocarril inaugurado en 1855, lo que aisló al Cerro del Castillo, acentuando su idiosincrasia peculiar. No faltará quien piense que su nombre viene de las varias residencias que allí existen o han existido, y que se han dado en llamar palacios o castillos (en realidad, más bien mansiones o casonas). Pero sus tintes son más antiguos y netamente marciales. Estarían en un pequeño fuerte o castillo, levantado en los tiempos del gobernador Ambrosio Higgins (después O`Higgins), siguiendo al historiador de Viña del Mar, Carlos Larraín.
En todo caso, cabe hacer presente que en la principal obra escrita sobre fortificaciones de la era hispana ("Flandes Indiano" de Gabriel Guarda, 1990), no existe mención alguna. Además, en este promontorio se construyó un fuerte después del bombardeo de la escuadra española de 1866, que formaba parte del anillo de defensas de Valparaíso, al que se le dio el nombre de Callao en conmemoración de la fiera lucha que dio esta plaza peruana, país entonces aliado de Chile, contra los buques hispanos, el 2 de mayo del mismo año. En 1879, con un Perú ahora enemigo, el fuerte Callao, siguió cumpliendo su función, aunque nunca fue necesario que entrase en acción de guerra real. Ello sí ocurrió para la Guerra Civil de 1891, ocasión en que la plaza de Valparaíso estaba en manos del Gobierno del Presidente José Manuel Balmaceda. Al fuerte Callao en particular le tocó un rol protagónico en un nutrido cañoneo que tuvo lugar el 23 de agosto, paso previo a un ataque del Ejército antibalmacedista contra Viña del Mar, el que finalmente no se realizó.

La Epoca de las mansiones

Entretanto, una presencia de otra índole se hacía presente con la instalación, a partir de 1883, de la Fundación Lever, Murphy & Cía. en Caleta Abarca, cuya presencia necesariamente influyó en el entorno. Por de pronto, en la ladera adyacente del Cerro del Castillo se creó una de las primeras poblaciones obreras de la ciudad (en la misma época, aproximadamente que la de la Refinería de Azúcar), que albergó entre 1.500 y 2.000 operarios. Según informaba el Boletín de la Sociedad de Fomento Fabril de julio de 1889, "hai en esa población buenas construcciones de cal i ladrillo, otras lijeras i airosas.

Aún existen en este cerro una calle Lever y una calle Murphy que, se estima, datan de 1910. También existe una calle Callao. Poco después de estos orígenes habitacionales obreros, comenzó a configurarse, lentamente, una faceta residencial de perfil más pudiente, siendo una de las primeras casas la del diplomático José Arrieta, de alrededor de 1900 (arquitecto Manuel Valenzuela). En los años siguientes este cerro comenzó a poblarse, de forma paulatina, de casonas que se destacaban como puntos aislados, edificadas preferentemente mirando hacia la playa de Miramar.

Uno de éstos era el llamado Castillo San Jorge, construido en 1908 y mirando, precisamente, al océano y que fue, como señaló en una oportunidad el autor y profesor de estética, Gastón Soublette, quizá la casa más hermosa que ha tenido Viña del Mar. Dañado tras el terremoto de 1971 -daños reparables, acotó en su momento Soublette- fue demolido en 1977, siendo un ejemplo clásico de pérdida patrimonial.

Esta residencia era también parte de paisaje de la playa Miramar, de moda a principios del siglo XX, enmarcada también por el llamado Castillo Ross, originalmente propiedad del político y candidato presidencial en 1938, Gustavo Ross Santamaría (1912, arquitecto Alberto Cruz Montt), actual Club Unión Árabe. A éste se agregó, ya en el cerro mismo, y mirando a la Población Vergara, el Castillo Brunet (arquitectos Aflredo Azancot y Jorge Schroeder), después conocido por el nombre de su segundo propietario, Juan Yarur, y desde 1974 administrado por Carabineros.

Tradiciones

Viña del Mar, a veces frecuentada por personajes destacados de la vida nacional, formalizó tal condición de huésped con la edificación del Palacio Presidencial en el Cerro Castillo (arquitectos Luis Browne y Manuel Valenzuela), construida en un corto lapso, entre 1929 y 1930. La revista "Nuestra Ciudad", editada por el Municipio, en su edición de octubre de 1930, incluía un reportaje a la casa, de la que decía: "El estilo adoptado para el conjunto ha sido el colonial, del cual se ha tomado lo más pintoresco y característico, intercalándose al mismo tiempo las comodidades modernas".

Desde entonces este recinto, construido en los terrenos del Fuerte Callao cuando éste ya estaba en desuso y declarado Monumento Nacional en 2005, fue nueva fuente de tradiciones de este cerro-barrio. No viene al caso pormenorizar aquí el anecdotario que tal vez daría para un libro, salvo señalar que muchos de los gobernantes que o han ocupado -algunos muchos, otros poco-, le han añadido algunos toques personales, dejando huella de sí.

Y en la época contemporánea, sus vecinos han renovado su conciencia de barrio, como lo demuestra alguno que otro reportaje que aparece de vez en cuando en la prensa, y una tradición "importada" de Valparaíso por el recordado vecino Aldo Caimi, pero que desde hace más de 40 años ha echado raíces en este lugar: la quema de Judas para Semana Santa.

4 comentarios:

Joe el Misterioso dijo...

Extraño, ya que a pesar de haber vivido cerca de 27 años en Valparaiso y terminar por conocer una gran parte de sus cerros, nunca me vino la idea de pasearme por ese cerro viñamarino, y a decir verdad, poco por Viña del Mar también.

En todo caso en muy raras ocasiones, acompañando amistades o la familia de Santiago o de otras ciudades.

Debio ser el olor a momio que me daba espanto desde siempre...

Anónimo dijo...

Hola
Acaba de descubrir su blog y me encanta, así que voy hacer un link hoy mismo . Saludos y felicitaciones.
http://www.ruevalparaisoes.blogspot.com
version française : http://www.ruevalparaiso.blogspot.com

:::JFM::: dijo...

Uf uf uf, me fascina Viña, yo nací allá (Clinica Viña del Mar, ya demolida), mis padres vivieron allá toda su vida (Colegio Padres Franceses y Colegio Compañía de Maria).

Al año me fui a vivir con mi familia a Santo Domingo (V región) e hibamos todos los fines de semana donde mis abuelos.

Me llebaban a la quinta, al Palacio Vergara, donde nos metíamos a los pasajes secretos del piso con mis hermanos. Al Castillo Wulf (foto), era una aventura subir a la torre y ver como rompían las olas contra ella.

Hace dos años que vivo en Puerto Montt (X Región) y me da lástima no tener las mismas oportunidades de viaje.

Mi nombre, José Francisco, es el mismo que el del señor Vergara.

Muy entretenido tu blog, asi que veras mis comentarios seguidamente.

Où revoir
J.F.M.

Loredana dijo...

see you!!!