Comentarios culturales de un antiguo refugiado chileno de Valparaiso, ahora en Francia, Montpellier y como muchos otros, viviendo de milagritos...
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11 marzo, 2006

Syd Barrett Story

Pop -

Syd Barret, diamante frágil

Por Jesús Lillo. http://www.abc.es/abcd

«Después de grabar The Dark Side Of The Moon, estábamos acabados: sabía que ya nunca más volveríamos a ser una banda de hermanos y el sentimiento era de luto. Líricamente, nuestro siguiente álbum, Wish You Were Here, expresaba todo eso. En el fondo volvía a aparecer el recuerdo de Syd, que nunca dejó de perseguirnos. Las canciones celebraban su talento, pero también reflejaban su proceso de desintegración», comenta Roger Waters en The Pink Floyd, Syd Barrett Story (Sony), documental que reconstruye una tragedia descatalogada desde hace décadas y aún sin desenlace. Desprovista del efectismo de una muerte de leyenda, la biografía del héroe de Shine On You Crazy Diamond -víctima de la esquizofrenia y el «ácido»- sigue sin epílogo, perdida en el sótano de su hogar familiar de Cambridge, donde desde 1978 sobrevive sin contacto con su pasado, un espacio que el fotógrafo Mick Rock, autor de Psychedelic Renegades, describe como «un enorme vientre en el que Barrett se buscaba a sí mismo».

«La última vez que lo vi estaba en Harrod's, comprando dulces, y no me reconoció... Mi amistad y su enfermedad se mezclan para suministrarme enormes dosis de dolor. Hay quien lo ha visto últimamente, pero sé que él no quiere saber nada de nosotros desde hace mucho tiempo. Creo que volver a encontrarnos nos haría daño a los dos», dice Waters en el reportaje, estrenado el pasado año por la BBC y ahora editado junto al grueso de las entrevistas -sin editar- con los cuatro miembros de la segunda y definitiva formación de Pink Floyd.

Además de los testimonios del entorno profesional y creativo de Barrett, el documental incluye abundante y revelador material de archivo, desde fotos familiares a entrevistas televisivas de la época, pasando por secuencias de ensayos, actuaciones en directo o festivas y fatales sesiones de embriaguez con setas alucinógenas. «Tenía agujeros negros en lugar de ojos», recuerda David Gilmour de la época en que Barrett comenzó a perder el norte. «Algo le pasó a Syd. Tomó demasiado», añade Rick Wright.

El tránsito hacia la demencia del autor de Dark Globe es el argumento de un certero y desolador paisaje, pintado a cuatro manos por quienes, hace ya casi cuarenta años, tuvieron que elegir entre seguir adelante con una carrera que los llevaría a encabezar la lista de superventas de la historia del pop o detenerse en seco con quien fue su alma, su voz y su rostro.

Como señala David Gilmour -su sustituto en Pink Floyd y también el productor de su breve carrera en solitario- «acabamos por renunciar a Syd porque estábamos muy ocupados». «Al final lo ignoramos: un día no lo recogimos en su casa y desde entonces seguimos sin él», apunta Nick Manson. En el documental -involuntario ensayo sobre la compasión en un proceso industrial como el del disco- se advierten los sentimientos de culpa de un grupo de sexagenarios que en su día se vieron forzados a soltar lastre para seguir flotando. Hubo egoísmo, pero también mucho valor: Syd Barrett era el compositor, el letrista, el cantante y el cartel de un cuarteto que no podía prescindir de su genio, su inspiración y su carisma.

Tras suspender su primera gira americana después de tres conciertos desastrosos -Syd desafinaba y abandonaba el escenario, pero la gente confundía enajenación mental con genialidad y lo aplaudía- el grupo decidió en 1967 que, como Brian Wilson para los Beach Boys, Barrett se limitaría en adelante a componer en casa canciones para un grupo con el que ni siquiera podía ya comunicarse. Sus desconcertantes juegos, sin embargo, hicieron imposible su continuidad como cabeza trastornada y deslocalizada de Pink Floyd y, en solitario, sólo la paciencia de David Gilmour permitió que llevara a cabo la grabación de dos álbumes cuyo proceso de producción éste recuerda como «una pesadilla». Cuando en 1974 Peter Jenner, primer manager del grupo, trató de producir sus nuevas canciones, Barrett se presentó en el estudio con una guitarra sin cuerdas.

La historia -todavía inconclusa, aunque su guión lleve cerrado más de veinte años- de Syd Barrett es mucho más cruel que la del resto de mártires del rock. Su sacrificio profesional y el mayúsculo éxito de ventas cosechado por Pink Floyd en los años setenta retuercen y llenan de espinas la espiral de un relato de culpas y espectros que se aparecen en películas como The Wall o canciones como Shine On You Crazy Diamond.

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